Caminar entre esculturas de un líder comunista como Vladímir Ilyich Lenin enbravecido, mitineando con pasión revolucionaria a los bolcheviques. Revivir los símbolos del regimen comunista. Tocar con tus propias manos la mega estrella de cinco puntas que remataba el edificio sede del Comité Central del Partido Comunista búlgaro y que, desde su altura, servía de orientación a los abnegados militantes. Grupos escultóricos que exaltan el esfuerzo y la disciplina de la clase trabajadora: labradores, mineros y obreros enarbolando sus herramientas, no como amenaza sino con fervor de clase. El proletariado, sólido pilar del paraiso comunista. Un grito a la solidaridad entre los pueblos. «¡Trabajadores del mundo, uníos!». Un almacén del pasado.
Es la memorabilia de la clase obrera. Estas 77 esculturas que se exhiben están encuadradas en la corriente artística conocida como Realismo socialista. Lo que ayer fueron simbolos venerados, hoy reposan, olvidados, desmontados e inánimes, en la extensa esplanada del Museo del Arte Socialista, en un barrio de Sofia (Bulgaria). Un almacén de historia, de memoria o de nostalgia, según quien lo mire. También acoge una extensa colección de carteles que animan a la Revolución, la emancipación. Pinturas que relatan escenas de patriotismo y de culto a la personalidad de los sacrosantos, en su día, dirigentes. Lenin, Breznev, Zhikov, Che Guevara son protagonistas de este museo que, inicialmente debía llamarse Museo del Arte Totalitario. Una simbologia, hoy decadente y gagá, si se mira con otros ojos. T
Tras la caida del Muro de Berlín (1989), los regímenes comunistas de Europa Oriental fueron desplomándose como un castllo de naipes. Hoy, sólo quedan estos restos de un pasado y una memoria colectiva. (www.serculoinquieto.com)
