En Petra, el corazón nabateo de Jordania, es habitual presenciar carreras a galope y trote de caballos de pura sangre árabe. En el aire se detecta un exhibicionismo muy propio en los jovenes jordanos que montan y galopan ante la presencia admiradora de las turistas. La ensoñación de ser un mito cinematográfico protagonizando un arriesgado rescate. El atrevimiento y las peripecias de los jinetes van en aumento según la edad y la intensidad del color rubio de las espectadoras. Flota un cierto aire de ceremonia de seducción del macho con un cortejo de trote corto y galope “molto vivace”. El caballo se utiliza como si de una mágica pócima se tratara para derretir corazones ajenos.
Parada obligatoria en El Tesoro (Al-Khazna), la joya de la corona, y una de las fotos imprescindibles en el album del culoinquieto que se precie.Una larga avenida discurre en el camino entre el Siq (el desfiladero archifamoso, escenario natural del galope a la desbandada de Indiana Jones) y las tumbas reales, los restos del gran templo y las columnas que siguen en pie. Es la larga caminata dirección al Monasterio el Al-Deir, ascensión de 700 escalones y con una estrecha desniveles donde lo más peligroso no es despeñarse sino ser arrollado por un burro cargando a una maciza turista alemana. Este es el escenario preferido por los apuestos lugareños para bordar las demostraciones de destreza, velocidad, fuerza y energía de los animales. El orgullo nacional sale barato (www.serculoinquieto.com)
