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Vamos a abordar un relato histórico que tiene tintes de anécdota curiosa o de inverosímil leyenda callejera. Los hechos sucedieron, rigor histórico obliga, así. Tras una larga cadena de disputas con el sultán de Marruecos, los ingenieros miltares españoles debían redefinir los límites fronterizos de la ciudad de Melila, en el norte de África. Como no se alcanzaba el acuerdo, se optó por no lanzar una medalla al aire y jugárselo todo a cara y cruz. Un método más ruidoso. Para fijar la zona de soberanía se decidió disparar una bala desde un cañón y donde cayera el proyectil, allí se establecería la ampliación de los límites del territorio melillense formando la frontera con Marruecos.

El Fuerte de Vitoria Grande sería el escenario de este acontecimiento bélico-diplomático. El cañón elegido para realizar el disparo llevaba como nombre “El caminante”. Cada madrugada de los días 13,14,15, 16, 17 y 18 de junio de 1.862 se realizó un disparo, usando balas pintadas de color blanco, y con el cañón alineado a 21 grados de inclinación. Preparados, listos y !fuego!, clamó el artillero. Cañonazo a las 5,30 horas, con el despuntar del alba. La bala de 12 kilos llegó a 2.900 metros de distancia. Y así, en ese punto, y según lo acordado, se estableció la soberanía española en el contienente africano. Los militares tienden a arreglar los conflictos a cañonazos. Chiste malo. Sería fácil decirle al de la foto que está cañón. (www.serculoinquieto.com)