La primavera huele a azahar. Y en Andalucía, se nota aún más. La palabra azahar procede del árabe az-zahr (que significa flores). El aroma de la flor del naranjo, el azahar, es único y queda grabado de por vida en nuestra memoria sensorial. Famosas son las calles de Sevilla por acoger a más de 40.000 naranjos que embriagan el aire con su olor penetrante. Sobre el fondo verde intenso de sus hojas, se abren los pétalos blancos de la flor de azahar. Estampa blanquiverde, como los colores del Betis manque pierda.
De su olor y fruto se elabora una excelente miel y aromáticos aceites, esencias y perfumes. Está presente en numerosas recetas, y es la base de licores tan renombrados como el Cointreau o el Curaçao. La naranja amarga sevillana es muy apreciada para la elaboración de mermeladas. En el Reino Unido se conoce como la Seville Orange Marmalade y dicen que es la preferida por la casa Windsor para sus desayunos reales.
Este árbol, procedente de Asia, se extendió masivamente por España porque era creencia que con su plantación aumentaría la felicidad de su dueño. Con el riesgo de que vamos a tener olvidos, vamos a repasar famosos y dignos eneclaves que merecen una detallada visita: los Patios de Naranjos de la Giralda de Sevilla y de la Mezquita de Cordoba; en el Palacio de la Alhambra de Granada; el Patio de los Naranjos de Almería, a pie de la Alcazaba; el de la Catedral de Málaga; un patio de inspiración en la Lonja de la Seda o de los Mercaderes de Valencia, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, barrio del Mercat (Valencia); el Pati dels Tarongers del Palau de la Generalitat (Barcelona), en el Palacio de la Aljafería en Zaragoza. También encontramos naranjos en los paradores nacionales de Guadalupe o Mérida (Extremadura) y fuera de nuestras fronteras en el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile. (www.serculoinquieto.com)
