Valladolid, que la mala leche un día apodó como “Fachadolid”, ha hecho de los jardines verticales una seña de identidad. Bravo. Descubrí los jardines verticales hace a algunos años en Vancouver, la ciudad canadiense que en materia de medio ambiente urbano nos lleva unos años de ventaja. La capital castellana, bajo el mandato del actual alcalde socialista Oscar Puente, ha hecho una apuesta clara por una ciudad verde, con rincones coloridos y paredes frondosas. Como ejemplo el Parque Campo Grande, con pavos reales sueltos. Valladolid lidera en España el proyecto Urban Green UP, una iniciativa de la Unión Europea para renovar y construir espacios verdes públicos con toldos verdes, vegetación de cubiertas y otras iniciativas destinadas a incluir la natura en nuestras vidas.
Las mayúsculas de hierba que conforman la palabra Valladolid, frente a la Academia de Caballería, son foto y parada obligada para todo visitante. Los bancos callejeros, con su tabique de enredaderas y musgos, son un verdadero antídoto cuando el calor aprieta. O los toldos de hiedras que actúan de sombra vegetal, protegen al peatón, y dan un respiro verde a las calles comerciales vallisoletanas (El Ayuntamiento invirtió casi 2 millones de euros en estos toldos que hacen más respirable la vida). Y como estandarte de esta “revolución” medioambiental, la fachada del Corte Inglés de Constitución que le ha aúpado a ser el primer jardin vertical instalado en un centro comercial. Aplausos.
Aunque siga destacando el jardin vertical de Caixa Forum, en el Paseo del Prado, de Madrid, se ha avanzado mucho. Llenemos la vida de color verde, de luz y de flores. El maestro Luis Arribas Castro regalaba cada mañana, en la Radio Barcelona de los años 70, petunias y geranios mientras gritaba “El maceteroooooo”. La cola de mujeres era kilométrica. !Cómo lo añoro¡.
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