Seleccionar página

El barrio lisboeta del Chiado guarda un par de joyas que el viajero-culo-inquieto no puede ni debería pasar por alto.Y si ocurriera, ya hay una razón sólida para regresar a Lisboa, la ciudad de la que uno nunca se va del todo porque allí deja parte del alma. La Rua Garrett acoge dos establecimientos únicos en el mundo: la cafetería A Brasileira y la Librería Bertrand. Honor, Gloria y larga vida para el matrimonio de café y libros.

A Brasileira fue fundada por el ex-emigrante portugués Adriano Telles, casado con una rica brasileña, hija de un productor de café, que implantó en el Chiado el gusto por tomar aquella desconocida bebida ultramarina. Era 1905 y nacía un escenario de la historia de Lisboa, ya se sabe, “la ciudad antigua y señorial” que cantaba Jorge Sepúlveda. A Brasileira pronto se convirtió en el epicentro de la vida cultural y artística de Lisboa e icono de la ciudad. Eran habituales las tertulias, debates literarios, reuniones de ilustres intelectuales y bohemios que compartían el gusto por la cultura en una ambientación artística, barroca e inmortal. Su cliente más laureado y gloria nacional ha sido el poeta Fernando Pessoa, a quien en 1980 se hizo eterno en una escultura de bronce que, instalada frente al local, da la bienvenida al visitante que acude a consumir el popular “bica” que es así como los lisboetas llaman a lo que nosotros es “solo” o expresso.

Libreria Bertrand. A pocos metros, en Rua Garrett 73, el turista curioso descubrirá esta libreria, fundada por un señor francés del mismo nombre en 1732, lo que la convierte en la más antigua del mundo, que acredita el Guinness World Record, y también en la “libreria más bonita del mundo”, título concedido por el novelista Enrique Vila Matas. En los bajos de un edificio esquinero de llamativos balcones de hierro forjado, revestido del azulejo azul que decora todo el barrio de aceras empedradas, acoge casi 600 metros cuadrados de estanterías que ofrecen 70.000 libros y donde destaca una impresionante escalera de madera noble. Icono de la ciudad de Lisboa, la libreria Bertrand logró sobrevivir al terremoto que en 1755 asoló la ciudad causando miles de muertos. hoy se ha extenido por todo el país. Para ponerse a salvo de futuras – y no deseadas- réplicas se instaló junto a la capilla de Nuestra Señora de las Necesidades a quién imploró amparo. Ya se sabe que la cultura es de buen adaptar lo que la hace imperecedera. (www.serculoinquieto.com)