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Sigamos con los contrastes culturales. Viajemos de Marrakesh (África) a Estambul, la ciudad que se arrima a dos continentes, Europa y Asia. Estratégico, el estrecho de Bósforo no sólo conecta el mar de Mármara con el mar Negro sino que divide dos mundos, dos culturas, dos modelos de convivencia. Estambul, densa, magnética y bipartida, es una ciudad que crece al abrigo de su amazónico canal de agua, cruzado diariamente por decenas de ferries abarrotados de humildes trabajadores, de pescadores de caña que intentan la captura desde el puente Gálata, infestado de cientos de vendedores de baratijas, adolescentes buscavidas y chicas jovenes con velo y vergüenza.

Más allá de la turística Torre Galatea, poderosa sultana que domina el Cuerno de Oro, se extiende una red de amplias calles comerciales repletas de gentes extasiadas ante las luces y los escaparates del consumismo. Los productos exhibidos nada tienen que ver con lo ofertado en el Gran Bazar, el Bazar de las especias o en los comercios anexos a las mezquitas de Sant Sofia, Mezquita Azul o el Palacio Topkapi. Aquí, en ese ensanche europeo, se respira modernidad, sello occidental y marcas de la globalidad imperante.

Del zoco de Marrakesh a la calle peatonal İstiklal de Estambul, la vía de moda y de la moda. Variopinta y con gentes que caminan apretujadas y presurosas por encontar una ganga. El safari comercial. Aunque queda tiempo para descubrir pastelerías que endulzan la vista. Cafés que inundan de aroma. Pero, aquí, lo que impera y se impone es la moda. Un mundo de firmas de prestigio made in 5ª Avenida, para presupuestos al alcance de pocos. “Showrooms” que harían la delicia de pijas “influencers”, blogueras y “personal shopper” que pululan por las redes sociales. Bolsas de compras con logos gigantes, de papel brillante y caro. Y allí, tropezamos con la escena que buscábamos. El contraste, las dos caras de la misma moneda. Tienda de lencería. En el escaparate, un maniqui escondido bajo una megapamela nos oferta un conjunto de picardía y camisón transparente. Y A los pies de esta ventana abierta a la magia de la ropa interior fina, una mujer aliviaba sus pies hinchados de tanto trajín comercial, de entrar y salir en mil comercios. Elif, nuestra protagonista, atenta a su iphone y a su bolso Valentino, tiene esa edad tan dificil de definir, y es la viva imagen del choque teutónico de culturas, códigos morales, colores, tallas que se vive y se sufre en Estambul … Dos mundos revueltos y conviviendo. De espaldas. (www.serculoinquieto.com)