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Apenas 30 minutos, o sea 50 kilómetros, separan la historia de nuestro hoy, el ruido del atasco con claxón al sonoro pio-pio pajaril. La distancia entre Jerash y Amman son 20 siglos. Jerash, una de las 10 ciudades conocidas como decápolis, avanzadilla de la cultura latina que se extendían por la costa mediterránea de Oriente Medio. Jerash ya era una floreciente colonia romana en tiempos del emperador Trajano, en el siglo I de nuestra era. El arco de Adriano sigue impertérrito como testigo inmortal de una ciudad a la que la arena del desierto, al abrazarla para amarla, la salvó de la destrucción y la barbarie.-

Si te pone la piedra y la coraza de romano, en Jerash vivirás en tu salsa. Parece mismamente un escenario recién salido de una pelicula de centuriones y mesalinas que pirraban a Terenci Moix. El conjunto monumental conserva todo su esplendor. Las calzadas aún guardan las rodaduras de las ruedas metálicas de los carruajes; la perfecta sonoridad del anfiteatro sigue asombrando; el foro, centro de las tertulias de los próceres; los templos consagrados a deidades donde destacan el de Artemisa y el de Dionisio, la desafiante simetria de la avenida de las columnas; las robustez de las puertas de acceso a la ciudad; el trote vigoroso de los caballos del hipodrómo… Todo, todo son vestigios del legado romano que se pueden visitar con calma, sin guías sudorosos, apresurados y vociferantes, y donde se permite acariciar columnas y capiteles milenarios que duermen esparcidos entre una espesura verde trufada de delicadas margaritas amarillentas. (www.serculoinquieto.com)