El agua es vida. El Canal de Castilla distribuye y genera riqueza a lo largo de su recorrido de 207 kilómetros que atraviesa las provincias de Burgos, Palencia y Valladolid. Es una vía de agua que cruza las profundas tierras de secano dedicadas al cultivo del cereal, en tiempos en que este territorio fue el granero de España. Concebido como una red de 4 canales que uniera Segovia con Reinosa (Cantabria) y que actuara de vía de acceso de Castilla la Vieja con el mar Cantábrico.
El canal supuso en el el momento de su planteamiento (siglos XVIII y XIX) algo similar a lo que el AVE ha significado en el siglo XXI. Una vía rápida de comunicación y movilidad, la más recta, cómoda y directa para que las cargas de trigo castellano llegaran hasta los puertos de embarque. En su momento, supuso una obra faraónica, construido a pico y pala y que – crueldad del destino- el ferrocarril se encargaría de enviar al desván y dejarlo obsoleto. El canal, hoy, une las localidades de Alar del Rey (Palencia), de Valladolid y Medina de Rioseco, situadas al final de los ramales del Sur y de Campos, formando una Y griega invertida.
Las barcazas, sin quilla, eran arrastradas por la fuerza de parejas de bueyes que, desde senderos que corrían paralelos al agua, y atadas por cuerdas de sirga, hacían avanzar la carga, surcando con parsimonia las tranquilas aguas. Duro trabajo para ir avanzando, superando metro a metro los desniveles regulados por eclusas, hasta llegar al destino final. La llegada del ferrocarril supuso una reducción de tiempo y esfuerzo en el transporte de trigo. Y acabó imponiéndose, entrando el canal en un letargo y desuso hasta hoy, re-vitalizado por su uso turístico. En Frómista, maravilla donde los monumentos románicos crecen como las setas, se puede navegar casi dándole la mano a los peregrinos que recorren el Camino a través de las antiguas sendas de sirga. Una vía que les llevará hasta el Campus Stellae, o sea Compostela, a rendir culto al Apóstol Santiago. (www.serculoinquieto.com)
