Seleccionar página


El norte de África esconde rincones únicos, tal cual Chefchauen. Son ciudades impregnadas de misterio y magia como Tánger o Tetuán, o enclaves heroicos donde se derramó mucha, mucha sangre de jovenes españoles en Annual y Monte Arruit. Más de 12.000 soldados fueron conducidos a una trampa mortal, en una guerra colonial que este año cumple 100 años.
Bereber y azul. Éstos son los rasgos diferenciadores de Chefchauen, ciudad del Rif, fundada en el siglo XV que acogió a los primeros musulmanes y judíos huidos del Al-Andalus, expulsados por la intransigencia de unos Reyes Católicos. La vieja plaza se levanta entre riscos y crece en torno a la mezquita, la alcazaba y la medina. Chefchauen destaca por otra actividad que no aparece en guía o memoria alguna: es un importante centro productor de grifa o cannabis lo que genera una procesión de buscadores de emociones fuertes y adormideras fáciles. El turismo ha disparado todas las estadísticas.
Pero lo insólito y distinto, lo que atrae y llama poderosamente la atención y que colapsa el iPhone del turista, es la pátina azul que domina sus casas y tejados, sus calles, suelos y paredes. El cielo sempiterno con su tinte de cobalto. Azul Pantone 54. Todo brilla en azul, como la rapsodia, el eterno paraíso de los televisivos pitufos creados por Peyo, la infantil muñeca, la hipnótica Venus de Milo vestida de azul por Yves Klein o los tuaregs del desierto, altivos e indómitos guerreros…La razón de que en Chefchauen hayan aplicado este monocromático pincel es menos poética: los rifeños comprobaron que era una eficaz protección del inclemente sol y así podían conservar sus hogares frescos. Y lo tiñeron todo de azul. (www.serculoinquieto.com)