Seleccionar página

Calgary alcanzó notoriedad mundial en 1988 y llenó páginas de periódico por ser la ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de Invierno. La capital de la región de Alberta, en Canadá, tras el paréntesis olímpico, volvió a ser la ciudad provinciana, conservadora y con mayoria protestante que vive de la extracción del petróleo.

Si descontamos a la elegante Policia Montada del Canadá cuando patrulla con casaca roja y a caballo por los parques locales, la atención fotográfica del visitante se centra: en el evento Stampede y en el fenómeno del chinook. Estar situada a 80 kilómetros de las Montañas Rocosas y en medio de la pradera, imprime caracter y determina futuros comportamientos. Los antiguos propietarios y ocupantes de aquellas tierras, los indios de la tribu de los “Pies Negros”, son ya un residuo étnico, una excepción o una especie en riesgo de extinción. Pura arqueología humana.

El clima en Calgary es caprichosamente juguetón. El invierno largo y frío, con gélidas temperaturas de hasta -30 grados, puede cambiar en horas y situar el termómetro, en +10 grados. Cambios bruscos cuyo origen hay que atribuirlo al chinook, o sea las fuertes rachas de viento cálido, procedentes del Pacífico, que azotan las praderas y que amortiguan los fríos polares. Pero es una tregua temporal. Los fríos, muy fríos, vuelven.

El otro megaatractivo de la ciudad es la Stampede, el espectáculo de rodeo más genuino y reputado del mundo. La Stampede reúne cada año, desde 1923 y durante 10 días, a todos los aficionados al caballo y las reses, al estilo de lo que era el menú de Hollywood. Doma y monta de caballos, monta de reses, carreras de carretas, concurso de herrerias, conciertos de música country, asados y barbacoas. Más de un millón de visitantes y más de un millón de dolares en premios como galardón a tanta caída y trompazo. Es el precio de la cultura cow-boy. (www.serculoinquieto.com)