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Budapest es una ciudad hermosa, hermosa a rabiar, capaz de atrapar los sentimientos del viajero, e incluyo a los más despitados. La presencia del río Danubio, sí, sí el azul del vals, lo llena todo. Un consejo para seguir y que dificilmente se olvidará: pasear por los diques que actúan como límite del Parlamento húngaro, un impresionante edificio neogótico. Y en esa dársena, te tropezarás con una sorprendente instalación artística en memoria de los deportados judíos por la barbarie nazi. Reproducciones de bronce de unas botas, enseres abandonados por el miedo, maletas de viaje, zapatos-símbolo de quienes huyeron del pánico, del terror nazi. Y sobrevuela allí la memoria del diplomático español Ángel Sanz-Briz,”El ángel de Budapest”, que salvó a miles de judíos en la Segunda Guerra Mundial, que en 1944 protagonizó acciones heroicas que evitaron que más de 5.000 judíos húngaros fueran deportados al matadero de Auschwitz. La lista de Sanz-Briz es más larga que la de Schindler. Honor y respeto a su memoria.

La ciudad de Budapest está formada por dos núcleos urbanos separados por el omnipresente Danubio y unidos por sólidos puentes de hierro. Hay que ascender por sus estrechas callejuelas o trepar por unas inacabables escaleras hasta acanzar el corazón de Buda, la ciudad vieja, con la catedral de San Esteban y el castillo estilo Disneylandia donde otear el horionte de la ciudad. Pest, abajo, extiende sus calles ordenadas y muestra unos edificios de la época Imperio que son un símbolo porque sobrevivieron a los muy oscuros años de la oscuridad comunista. Fachadas ennegrecidas que han ido recuperando color y prestancia.

Un consejo: Endulzar la mañana en el Café Gerbeaud, la mejor pastelería de Budapest y uno de los cafés históricos más atractivos de Europa. Una leyenda de origen francés que arrancó en 1860. Estilismo de tiempos de la omnipresente Sissi y un obrador del que salen canapés, dulces, chocolates y pasteles que harían llorar a los ángeles. Servicio exquisto de camareros clásicos, decoración imperial. Ni una sola pega. Top 10.

Para redondear la cadena de propuestas: visitar el Café New York. Buen café, chocolate calentito, buenos pasteles y repostería de postin, destilados que resucitan . Pero sobre todo, disfruta del ambiente vintage del espacio, de su atmósfera artística y de sus lámparas imposibles, de sus tapicerías aterciopeladas, sus cortinajes, sus pinturas, sus molduras doradas y de su ambiente selecto. Budapest ofrece una buena planta de establecimientos: más de 500 cafés a mano del visitante.

Y por el mismo precio, un nuevo consejo: si tienes la oportunidad, alojarse en el Hotel Gellert, a orillas del Danubio. Un recinto único, de estilo modernista, un ejemplo de la hostelería de calidad de antaño. Pero sobre todo, sumergirse en sus piscinas interiores, bordeadas con columnas replicadas de templo helénico, donde brotan las aguas sulfurosas ideales para la atrosis y dónde los cuerpos danone nos ofrecían escenas de ensueño en algunos spots. Alojarse en el Hotel Gellert es una experiencia dificil de olvidar.

Y para brindar por la vida, por el amor y por la salud, qué mejor que pedirse un gulash, la comida nacional, ya sea en su versión sopa o en potaje bien calentito. Carne de vaca, patatas y vegetales, todo especiado con pimentón a saco hace que , se convierta en un plato para alimentar a los mismísimos dioses. O para sonrojar al diablo.