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En España hay dos Tudelas. La del Ebro y la del Duero. Y ambas se distinguen por producir espárragos blancos. Entono mi “mea culpa” y reconozco mi ignorancia pero yo sólo sabía de la existencia de los espárragos de la Tudela navarra, bien regados por las aguas del Ebro. Blancos y sabrosos, muy nutritivos, con un ligero sabor amargo. Y con la marca “Cojonudos” por bandera.

Un buen amigo, el dinamizador cultural Cris Gabarrón, hijo del escultor Gabarrón, me los acaba de descubrir en Valladolid, (pueden insultarme impunemente por mi ignorancia ya que se cultivan desde el siglo XV) que Tudela de Duero ofrece un esparrágo de calidad premium. Tienen formato y tamaño de torpedo submarino y lucen de una presencia envidiable y apetitosa. Gruesos de calibre, muy fáciles de limpiar y con un sabor inconfundible con regusto áspero a tierra. La ficha técnica asegura que son ricos en fibras, ideales para dietas hipocalóricas y ricos en proteínas. Se comen solos para disfrutar de sus jugos. La temperatura ideal para servir, ligeramente tibios.

Tudela de Duero organiza cada año su Fiesta de Exaltación al Espárrago donde los chefs los cocinan en variadas recetas y ha conseguido el reconocimiento como Marca de Garantía. Pero la mejor credencial la dispensó Ferrán Adrià al certificar que el espárrago de Tudela del Duero es el más sabroso del mundo. Amén.