Lo del Valle del Jerte y sus cerezos en flor son como la vida misma: a la que uno se descuida un poco, se te escapa. Otro paralelismo, un poco más procaz: como el arroz que si se pasa, comes engrudo. Así que un primer consejo: atentos al calendario, que una semana arriba o abajo es pasar de las hectáreas de manto blanco floreado a una superficie de tono verde y luz brillante que es lo que aportan las hojas del cerezo. La conversión del blanco al verde para acabr en el fruto morado es un milagro cromático que solo uno cree si lo ve y lo degusta.
La oferta es inabarcable. Paraíso de la diversidad, el río Jerte con sus saltos de agua, Los Pilones y sus 13 piscinas naturales, los pueblos serranos de casas medievales, la garganta de las nogaledas en Navaconcejo, la cascada del Caozo en Valdastillas, el puerto de Honduras, el Valle del Ambroz. Y la joya más preciada: Plasencia. Otro día dedicaremos una postal a la Cereza Picota, con mayúsculas y Reina no emérita de Extremadura.
¡Qué gloria, el Jerte está en flor!. La cita anual, una maravilla que nos regala el reloj de la naturaleza. Una experiencia que deja poso y un sentimiento inolvidable, único, cercano, vivencial. Turismo de experiencias, de sensaciones en la Extremadura acogedora. Mi colega Juan Pedro Plaza, extremeño hasta el tuétano, culoinquieto incansable, rojillo de fino paladar, curioso adicto y hermano en la FEPET (Federación Española de Periodistas Turísticos) nos ha regalado unas fotos de esta primavera floral confinada que con envidia reproducimos. Como buen extremeño, Juan Pedro ya ha cumplido con el rito anual. Saludar la vida desde la belleza de la flor y la emoción de los bancales blancos. (www.serculoinquieto.com)
