Todo sucedió en el Topkapi, el palacio de Estambul/Constantinopla que yergue su figura majestuosa para asomarse a las aguas del mar Mármara. Así de pensativo me encontraba, cruzando salas y salas del palacio-morada de varias generaciones de sultanes. Buscaba desesperadamente la sala del tesoro cuando tropecé con ella, frente a frente. Destellaba una luz cegadora. Ante mi, su rostro angelical, más propio de la pintura de un maestro italiano del Renacimiento. Sin duda, el semblante más hermoso jamás visto. Una mujer, casi una niña, menuda, que caminaba con parsimonia y con un aire desganado mientras observaba todo con un cierto desdén adolescente. Ataviada con el hiyab blanco, según establece el código islámico, usaba deportivas negras, guantes de piel. Minuciosamente maquillada y con un estilismo moderno de jersey holgado y pantalones blancos, anchos. Su mirada era evanescente, perdida, mientras escrutaba las joyas del tesoro. Seguía lo establecido por la surah 24: 31 del Corán: “Y di a las creyentes que bajen la mirada y guarden recato; que no deben mostrar su belleza y adornos”.
El morbo de la visita es, sin duda, asombrarse ante la opulencia del tesoro, acumulado por la rapiña de los sultanes. La película Topkaki se estrenó en 1964 y es un film de aventuras, robos, espías y un calculado suspense, donde una banda de ladrones (Peter Ustinov, Maximilian Shell, Melina Mercouri) planea robar el afamado tesoro del Topkapi. Y hasta aquí puedo leer, que les recomiendo un trailer de 4 minutos que podrán consultar en YouTube.
Como en tantos otros museos, también en el Topkapi se exhibe una colección de sagradas reliquias para creyentes y curiosos. En una cámara hermética, iluminada con luz tenue para no perjudicar, se muestran varias: un fragmento del manto de Mahoma, un pelo de su barba, un diente protegido en un relicario, y el arco y la espada del profeta del Islam. Observando toda esta simbología, concluyo que todas las religiones coinciden en proteger y enaltecer el mito. Y así nos va. (www.serculoinquieto.com)
