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Del malagueño “Caminito del Rey” a porteño “Caminito”, el de la República de Boca, en Buenos Aires (Argentina).
En el argot de viajeros hay visitas que son auténticas “turistadas”. Pero deben patearse y vivirlas para poder ser recordadas. Eso sucedió con el archifamoso “Caminito”, en el barrio de Boca, que debe su nombre al antiguo ramal de un ferrocarril de transporte de mineral hasta el dique portuario. Ahora acoge una calle museo, vecina al estadio universal conocido como la “Bombonera”, donde se rinde homenaje al buen fútbol de los Maradona, Riquelme, Carlos Tévez o Martin Palermo, testimonio que consta en la postal del pasado 21 de enero.

“Caminito” es una callejón de a penas 200 metros, con sus calles adyacentes repletas de graffitis, que exhibe lo más genuino de Argentina, en positivo y negativo. Allí se constatan: la creatividad e ingenio argentinos a través del vivo colorido de sus fachadas y casas; la exhibición de cultura en salas de arte y demostraciones de tango; las múltiples variantes de picaresca y engaño con el turista, perpetrados por profesionales del timo que dejan a los protagonistas de “Nueve Reinas” como inocentes aficionados; el cambiazo con falsos billetes; los guaperas y picos de oro que pululan en boliches de todo plumaje; las genuinas empanadas argentinas de producción china y el asado argentino recién descongelado y con sabor vintage; la mayor concentración de psicoanalistas por metro cuadrado; los numerosos descendientes de gallegos y un largo etcétera en el que incluyo a los inventores de la pizza y de los ñoquis. Para alivio del turista superviviente a tanta emoción y, tal como nos enseñó Unamuno, todo país tiene su paisaje y su paisanaje.

Caminito nació como la letra de un tango que dedicó a otro enclave argentino y que inmortalizó Carlos Gardel. Arranca con el rasgueo de guitarra:
“Caminito que el tiempo ha borrado/ Que juntos un día nos viste pasar/ He venido por última vez/ He venido a contarte mi mal“.(www.serculoinquieto.com)