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Malos tiempos para la Monarquia. Ante las borrascas que tambalean el negocio de los soberanos: el emérito refugiado en el desierto, el látigo de las crónicas en “Lecturas” de mi admirada Pilar Eyre, las travesuras de las infantas saltándose la cola de las vacunas y un etcétera tan largo como se quiera… Ante tanto desasosiego informativo, opto por la calma que imagino encontraré en el malagueño Caminito del Rey.
Elección nada adecuada. Se trata de caminar por una pasarela de un metro de ancho y más de tres kilómetros de longitud, cosidita a las paredes verticales del desfiladero de los Gaitanes, excavado por el río Guadalhorce. Un cañón de vértigo. Dice la propaganda que está formado por “barras de acero y plataformas de hormigón clavadas en la pared vertical y un puente sobre el mismo desfiladero sobre el canal de agua”. Puedo certificar que a vista de pájaro hay suficientes metros de altura (¿más de 100?) para que a uno entre en desasosiego con tembleque en las piernas, los intestinos se desperecen mientras se pregunta por los adentros ¿quién me ha mandado venir aquí?.
Ya puestos, sepamos que se llama Caminito del Rey en memoria de Alfonso XIII aunque antes la gente lo conocía como”los balconcillos”, denominación que es mucho más republicana. Como en tantos viajes de aventuras, el origen del Caminito tiene poco de aventura y mucho de solución práctica de ingenieros. Fue construido por Hidroeléctrica del Chorro, propietaria de los Saltos del Gaitanejo y del Chorro, para servir de vía de acceso a las obras de los embalses. A destacar la vertiginosa carrera de Frank Sinatra en un túnel, ante una locomotora desenfrenada en una escena rodada en el Caminito. (Película Von Ryans Express, 1965). Para mas inri, sitúan la acción en la frontera alpina. Es aspirante a Patrimonio Mundial de la Humanidad. (www.serculoinquieto.com)