El cerdo es un animal que arrastra en carne propia una dramática contradicción: vivo resulta asqueroso y muerto es delicioso. Dispóngase el lector a vivir la más inconfesable aventura con el Sus scrofa domestica (nombre científico aunque si le llamas así, no contesta), un maravilloso mamífero paquidermo, de cuerpo pesado y rechoncho, piel rosácea, con cerdas resistentes, cabeza grande, hocico chato, casi cilíndrico, grandes orejas caídas, patas cortas, extremidades musculosas y cola pequeña y delgada. Si crees que podrás resistir una inolvidable y apasionada aventura con el cerdo hay que rendir visita al bar Orellas, calle de La Paz 6, en el corazón de Ourense, en el barrio de los vinos, a un tiro de piedra de la catedral. Entras en el santuario del cerdo. Un animal que hace verdad lo proclamado por el refranero: Del cerdo hasta los andares.
En el bar Orellas, el ordena y manda es del cerdo (responde también como puerco, marrano, chancho, gorrino cochino), y es la síntesis sublime de la extensa gastronomía porcina ya sea como entrante o bocadillo (jamón pata negra, jamón del país, de York, lacón gallego, o canario), embutido (chorizo, caña de lomo, salchichón, fuet, sobrasada, salchichas, patés), como tapa (chicharrones, oreja, morro, rabo, panceta, callos), como plato principal (carrillera, pies, solomillo, codillo, cinta de lomo, secreto, costilla). También como postre lo ofrecen en Soria: cortezas o torreznos con chocolate. Lo dicho: hasta los andares.
En el ourensano bar Orellas, fundado en los años 50 del siglo pasado, cuando devores sus excelsas tapas de oreja y de rabo, te reconciliarás con los sabores vitales, desafiarás al temible colesterol y comprobarás qué placentero es llorar de alegría. Caerás en la tentación. www.serculoinquieto.com
