Vale la pena desorientarse por las calles de Vitoria-Gasteiz. “Oiga, para este viaje no hacían falta alforjas” comenta por lo bajin un lector siempre dispuesto a que a uno le pille el toro. Así que me propongo enumerar los 10 mandamientos que he seguido cada una de las veces que tomé la sabia decisión de viajar hasta la capital de Euskadi para disfrutarla. Ahí va mi nómina de los encantos de esta encantadora ciudad que siempre me ha encantado.
- Es un paraíso para los amantes del buen comer y beber (ahora les llaman “foodies”). Su oferta es única: barras inundadas de tentadores pintxos y creativas raciones, platillos con el rótulo luminoso de “coméme, coméme”. A cual, mejor. El tintineo de las copas de un crianza de Rioja es la mejor banda musical.
2. Deja a tus espaldas la plaza de la Virgen Blanca, donde nos recibe la escultura vegetal de “Vitoria-Gasteiz”, para ir remontando el casco medieval, la almendra, un amasijo de calles estrechas y empinadas, sus graffitis, mercado semanal repleto de glorias alimentarias y la “Kutxi”, la calle del “pintxo y pote” juvenil, a precio fijo.
3.Dominando todo ese territorio, se erige, silenciosa y gótica, la Catedral de Santa María (“la vieja” para los vitorianos) envuelta de murallas e historia. Restaurada con mimo, inspiró al escritor galés Ken Follet para ser la protagonista de sus relatos “Los pìlares de la tierra” creando millones de lectores. Vitoria lo rememora con una escultura de Follet.
- Y de la catedral vieja a la catedral nueva, la dedicada a María Inmaculada, un pastiche
acabado a mediados del siglo XX y que no merecería ni una sola línea de recuerdo sino fuera
para respetar la memoria de los 5 obreros que en 1976 (Fraga Iribarne ministro del Interior)
murieron a causa de las ráfagas policiales en los llamados “sucesos de Vitoria”. La canción
“Campanades a mort” de Lluis Llach es un permanente homenaje. - El calendario de festivales es rico y variado. El más popular es la cita con el jazz, que lleva ya
45 ediciones. Cualquiera que se precie de gustarle el mundo del jazz, debe haber estado en
Vitoria. También destaca el de la TV, donde se presentan todos los programas nuevos que
estrenan las cadenas. O el “Magialdia”, el arte de la magia donde nadie descubre el truco. - Ciudad idónea para los amantes de la ecología y el medio ambiente. Líneas de tranvía y
transporte limpio con carriles para bicicleta y espacio natural, los humedales de Salburua, “el
anillo verde”, en el centro de la ciudad son argumentos sólidos que le hicieron merecedora del
título de “Green Capital” otorgado por la Unión Europea. - Las fiestas de la Blanca, en agosto, con el multitudinario descenso del muñeco Celedón,
paraguas en mano, y las charangas que no callan ni descansan, el bullicio de los cuadrillas de jóvenes
celebrando los festejos. Esos días, Vitoria huele a clarete y zurito. Vivir y disfrutar la fiesta en la calle. - Ajuria Enea, vivienda oficial del lendakari, y la sede del Parlamento; Artium, el museo de arte contemporáneo; la plaza de los Fueros, diseñada por el escultor Eduardo Chillida; Mendizorroza, el estadio del centenario Deportivo Alavés; el Fernando Buesa Arena donde vibrar con el Baskonia de baloncesto; el jardin vertical del Palacio de Congresos…
- La berrea de los ciervos. Los gemidos de cortejo de los ciervos que pastan en el humedal de Salburua sobrecogen. Un espectáculo único a la llegada del otoño cuando se despierta el celo de los ciervos. Para atraer a las hembras, elevan su cornamenta y braman a los cuatro vientos.
- La calidad y fortuna de comer en mil lugares distintos y únicos la encumbraron en 2014 a Capital Española de la Gastronomía. La lista de mis restaurantes preferidos: Zaldiarán, El Portalón, Puerta Grande, Asador Sagartoki, Toloño, Matxete, La Huerta, Clarete…
Y bares para degustar pintxos: Perretxico, la EsCotilla,Txolarre, La Malquerida, Idoia, Erkiaga…
Elegir para comer en Vitoria, es apostar a caballo ganador.
