Volcán de Pacaya, Amatitlán, Guatemala. Apenas a 45 kilómetros de la capital, Ciudad de Guatemala, nos disponemos a adentrarnos en el Arco Volcánico Centroamericano. O sea un anillo de fuego. El reto es alcanzar el cráter del volcán Pacaya, a 2.500 metros sobre el nivel del mar. La cuesta es empinada, sin descanso. Los enterados en técnicas de trekking dictaminan que se trata de una ascensión fácil. Vale. Fácil será para los guías locales que trepan cual cabras montesas. Los guiris vamos resoplando como turistas sin aliento que es lo que somos. Los hay que se han quedado colgados en el último repechón y aquí no hay camión escoba.
La aventura dura una hora de ascensión exigente, entre malezas y arbustos que dificultan el camino. Cuando ya casi divisas el área del crater, la foto se va virando al blanco y negro. Naturaleza muerta. Ni un vegetal, ni restos de vida. Aumenta paulatinamente la temperatura ambiental y las rocas volcánicas, de aristas muy agudas y cortantes, están calientes. Columnas de humo emanan de la roca. Entre las rendijas del suelo agrietado se ven rocas fundidas, brasas de un fuego encendido. Echo un poco de agua que se transforma en una columna de vapor. ¿Fuego en el interior del volcán a punto de erupción?. Aumenta el ritmo cardíaco. La madre naturaleza se expresa en su versión más salvaje. Observo con hilaridad que la suela de goma de mis deportivas se está fundiendo. Como si fuera queso chedar. Carcajadas de miedo y cagalera. Hay que pensar en la vuelta. Vamos para abajo. Me dicen los expertos que el Volcán Pacaya es, tecnicamente hablando, un volcán activo.La última erupción que se tiene controlada fue el marzo de 2014. En el pueblo de San Vicente de Pacaya, la gente saborea con parsimonia su cerveza Gallo, bien, bien fría. La vida sigue.
La rambla de las flores. San Pedro de la Laguna es un pueblecito que crece a orillas del lago Atitlán, una superficie de agua tibia, de varios kilómetros de superficie y que está rodeada por 3 ciclópeos centinelas: los volcanes de Atitlán (3537), Tolimán (3158) y volcán San Pedro (3020). El lago de Atitlán es la reserva de agua potable más importante del país. San Pedro destaca por ser una ciudad flor. En las empinadas escaleras que llevan hasta la iglesia dedicada a San Pedro, su santo patrón, se arremolinan las campesinas indígenas que aderezan las flores cortadas la pasada madrugada. Ramilletes de colores vivos que compiten con la variedad y riqueza cromática que exhiben en sus trajes las hermosas mujeres mayas. Crisantemos, lilium, gerberas, gladiolos, iris o anémonas se ofrecen al visitante con una sonrisa fresca. Las alegres vendedoras en esta Ramba de las flores ofrecen sus ramos con una sonrisa fresca para tejer un collar de buenos deseos.
El Xocomil es un viento fuerte que arrastra los pecados de los habitantes de los pueblos ribereños del lago. Aparece puntual a mediodía, cuando los vientos cálidos procedentes del sur chocan con las masas de aire más frías procedentes del altiplano, formándose remolinos que agitan las pacíficas aguas del lago hasta convertirlas en olas borrascosas. (www.serculoinquieto.com)
